Screen Shot 2014-05-16 at 1.41.51 PMPor: Mario Daniel Sánchez 
Cuando era niño, recuerdo que un sábado por la mañana mis papás me despertaron y me dijeron, ¡nos vamos a Amecameca! Ese día me sentía emocionado porque saldríamos en familia, y aunque no sabía realmente qué había en ese lugar, yo me sentía ansioso por conocer algo nuevo. Durante el camino imaginé un sinfín de posibilidades, en unas Amecameca era un lugar paradisiaco, con cristalinos lagos y frondosos árboles, en otros, era un sitio oculto de toda la civilización donde había un gigantesco y tenebroso castillo medieval.

En el trayecto me dormí un poco, y cuando desperté mi mamá me dijo al oído, ya llegamos. Miré alrededor y no veía nada fuera de lo común, sólo había una iglesia, un mercado y un parque central, y justo cuando comenzaba mi desilusión, mi madre puso su delicada mano debajo de mi barbilla para que levantara un poco la cabeza y  me dijo… ¡Mira, ella es Iztaccihuatl!

Nunca olvidaré ese momento, por ello decidí visitar nuevamente Amecameca, sí, ese lugar que durante mi niñez me dejó asombrado por su magia y que marcó mi vida para siempre.

Cuando llegué al centro, todo era como lo recordaba; ahí estaba el parque central, el mercado y la iglesia. Esta vez no me dormí durante el camino, ya que esperaba ver en cualquier momento a Iztaccihuatl, la doncella dormida,  y a su fiel amado el guerrero Popocatepetl. Lamentablemente, ese día estaba nublado y lluvioso, pero eso no hizo que perdiera la esperanza, ya que sabía que ese lugar era mágico.

iztaLo primero que hice fue preguntarla a un policía hacia dónde debía dirigirme para ver al “Popo”, él me indicó una carretera y emprendí mi camino. En el trayecto, comencé a perderme en una ilusión, por momentos recordaba mi infancia, y por otros, revivía la grandeza prehispánica del lugar, me imaginaba una caravana de cientos de aztecas, ellos llevaban el cuerpo, ya fallecido, de una de sus doncellas. Caminaban entre olor a copal y cánticos, nadie lloraba, todos caminaban con la frente en alto rumbo a las faldas de Iztaccihuatl, el lugar donde habrían de enterrar a la doncella para que su diosa la escoltara por los oscuros caminos del inframundo.

Cuando regresé a la realidad, a mi alrededor no había más que árboles y una que otra cabaña, donde desde su interior, una señora con su esposo e hijo me hacían señas para que detuviera el coche, invitándome a pasar y comer lo que había preparado. A lo lejos, lo que alcanzaba a ver era una humeante olla, dos sartenes y varios guisados puestos en la mesa. Mi estómago me decía que me detuviera pero sabía que no debía hacerlo, pues tenía una cita con los dioses.

Continué mi camino hasta llegar al Paso de Cortes, un asombroso lugar donde podía ver a las dos colosales deidades, en ese momento sentí una emocionante sensación en mis entrañas, pues estaba frente a dioses prehispánicos, ambos lucían vivos e imponentes, ahí estaban… Popocatepetl e Iztaccihuatl. Después de tener un diálogo interno con ellos me despedí, no sin antes prometerles que regresaría pronto, muy pronto. Amecameca es un lugar maravilloso, después de visitar el Paso de Cortes, te recomiendo ir al mercado local, ahí te deleitarás con la cecina más rica que hayas probado en tu vida, la cual puedes acompañar con un pedazo de chorizo, queso y una ensalada de nopales. Comer ahí será una experiencia que jamás olvidarás, es un lugar que parece perdido en el tiempo, donde entre colores y sabores, sentirás la verdadera esencia de México.

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¿Qué actividades puedes hacer?    

–       Camping

–       Senderismo

–       Meditación

–       Motocross

–       Montar a caballo